Casi un año y $1.60

31/8/12

Que aburrimiento. Una taza de café es lo único que me acompaña en esta tarde. Aquí sentada en una cafetería, frente al hospital donde decenas de pequeñas criaturas nacen día a día, dejo morir mis ideas. 

Pienso y busco el instante aquel donde te encuentro en un mar de aras, Sentir de nuevo la desesperación con la cual te busco entre todos, hundida en sentimientos encontrados, como quien no quiere la cosa aunque la desea, como el que es advertido: no lo hagas, aun así lo hace, sabiendo lo que va a pasar. Y de pronto, ¿qué pasa? Creo verte, sabiendo que no debería, porque tu presencia alborota las mareas y no hay más que tempestades, y una vez inicia una no puedo detener la siguiente, hasta que me veo ahí… con el agua al cuello y me digo: lo que me he buscado a pesar de que no sé nadar en aguas profundas.

(Una señorita se acerca a retirar la bandeja con mi taza vacía… hoy si me encuentro totalmente sola… mente rodeada de miradas de duda).

El poder del pensamiento es infinito, dicen por ahí, tanto que siento que puedo invocarte y traerte a mí… ¿Y si se me cumple? ¿Qué haré cuando te vea? ¿Quiero solo verte o quiero conversar contigo?... Llego a un punto en que todo esto deja de tener sentido. Veo los buses pasar, esos que se dirigen a dónde vives. Los veo y te busco, sabiendo que no estás ahí… Tu estas allá y yo aquí. Mi pensamiento no te trajo a ningún lado más que a mi cabeza y a este escrito, Las historias con final infeliz siempre quedan inconclusas porque el vacio no es un cierre de ciclo, por eso me paso extrañando ausencias. Ni hablar de ti, ni buscarte o verte solucionaría lo ocurrido. Lo que tenemos que vivir para aprender, cariño mío.

Tú allá y yo aquí. ¿Cuándo iremos a asimilarlo? El corazón no siente mejoría, y es así, una constante rutina, un círculo vicioso, un sinfín de horas de espera, esperando nada. 

Una historia, enseñanzas, tristezas, alegrías, pensamientos y un amor que vuela en un cielo infinito.

Son las 3:50 pm y sigo aquí viendo el mar de caras, añorando, soñando ver la tuya… para acercarme a ti, verte a los ojos y en una mirada decirte lo fuerte que me latía tu corazón, luego caminar… buscando la salida de esta cualquier cafetería, pues es tarde y la espera terminó. 

Casi un año y $1.60 me costo este escrito. 

He aquí mi despedida a ti.

3 comentarios:

Pilar Gámez dijo...

¡Qué bien transmites! Me he visto a mí misma sentada frente a esa taza de café..., anhelando y deseando verlo, y como tú bien dices, "esperando nada". Conozco muy bien esos sentimientos, recientes aún. Escribo también en un blog, y busco otros blogs que leer, y no termino de encontrar una lectura como la tuya, que me transmita tanto. Un saludo y te seguiré

Lilith Ketzer dijo...

Pilar, muchisimas gracias, no sabes que alegria me invade al leer tu comentario, lo aprecio mucho.

Pasaré a leerte en estos días.

Bienvenida a mi sueño.

Ghâshgûl dijo...

Acabo de terminar mi taza de café. El último trago me supo amargo, como cancerígeno, como a lágrima sin miel, vacío, y me asusté. De inmediato busqué tu blog, como intentando endulzar el reflujo que mi alma devolvió. Encontré bálsamo aquí, o quizá el bálsamo me encontró a mí... cosas de física cuántica y átomos románticos... y aprendo de ti, en este momento, que no importa la inmortalidad ni la inmunidad al todo. Lo que importa es justamente absorber de hermosa manera los caprichos de las estrellas. El tiempo se nos escapa, los años nos sobrepasan no sin antes carcajearse en nuestra cara, pero eso que es eterno ridículamente echa velas en el más absoluto mar de lo absurdo.
Odié lo eterno y amé lo efímero. Esa es mi tragedia.